ahora

la tita Alfonsa lleva media vida viviendo sola. no ha tenido una vida fácil. ha tenido que aceptar todas esas cosas por las que no podía pelear. ha tenido que seguir caminando porque parar no era una opción que estuviera a su alcance. la tita Alfonsa tiene -siempre tuvo- su propio sistema para entender algunas cosas. ninguna de ellas pasa por los recordatorios de un teléfono, eso os lo puedo asegurar. algo que hace siempre es usar laca de uñas para indicar cosas. la usa en las llaves, en alguna puerta. hace poco, aprovechando que tenía que ir a Barcelona por trabajo, me quedé a dormir en su casa. me pidió que le enseñara a usar un equipo de música que le regalamos hace algunos años y que nunca ha terminado de entender. le marqué el botón de «play» con ese color rosa chicle y le dije que, desde ahora, el botón rosa era el botón de cantar. siempre pensé que para ella los años contaban de forma diferente. el otro día vi claro que lo que ha cambiado no son los días, si no los motivos por los que estar feliz. ella, que siempre ha encontrado un resquicio para bromear. sigue ahí, pero todo este tiempo extraño de pésimas gestiones familiares, de miedos, de encierro, han hecho que se olvide un poco de algunas cosas. volver al brasero, al olor del café, a los churritos, a sus recuerdos, es siempre un regalo. ojalá seguir aprendiendo mucho tiempo más. ojalá recordar siempre que siempre es mejor ahora.

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