Amboseli

Cuando abro las cortinas en mi casa veo a los vecinos y a sus banderas que, viviendo en Barcelona, son cada una de su padre y de su madre. En Amboseli, al subir la cremallera de mi tienda*, lo que vi fue lo que tenéis en la foto de arriba: el Kilimanjaro. Y bueno, no es lo mismo.

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También cambié el ruido del tráfico por el silencio, roto sólo por algún insecto -¿cómo se llamarán las chicharras keniatas?- y por los pájaros. Que cómo son de bonitos los pájaros en África. Eso os lo explico otro día.
Estaba más que preparada para el primer safari por el parque nacional de Amboseli. Makini –nuestro conductor y el tipo más adorable de este y algún otro continente- me respondió con una sonrisa todas las veces que le pregunté si veríamos leones y jirafas. Que yo con eso ya.

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Y jirafas sí, no tardamos en ver las primeras. Y en enamorarnos de su manera de caminar y de esconderse detrás de los árboles. Los leones se nos resistieron algo más. Ellos y los rinocerontes.

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Pero como para ser el primero no había estado nada mal, decidimos celebrarlo brindando al atardecer. Hoguera y acacia incluida, claro.

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*Mi casa en Amboseli durante un par de noches fue Satao Elerai. Y este era mi rincón favorito para disfrutar del atardecer.

  1. Rubén Arriagada

    Gracias por las lindas fotos.

    Responder

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