coherencia -parte I-

Tengo un millón de posts pendientes. Tantos, que no sé por dónde empezar.
Así que lo único que se me ocurre es empezar por el principio.

Hace algunos -no muchos- años trabajaba en publicidad, vivía en el centro de la ciudad y tenía prisa todo el tiempo.
Durante algunos meses tuve un Starbucks justo debajo de la agencia y allí, prácticamente todas las mañanas, recogía mi dosis de azúcar con cafeína. El barista me llamaba por mi nombre y mientras preparaba la bebida -esa que no tenía ya que pedir pero que costaba 3,40€ más un suplemento de 0,40€ por la leche vegetal- hablábamos de cualquier cosa que no tuviera que ver con el café. Los viernes -por serlo, decía- me regalaba tarta. Y ya preparada para empezar la jornada subíamos a la oficina mi vaso con logo verde, mi destello de felicidad instantánea y una versión somnolienta de mí misma.

Otra de las rutinas de aquellos tiempos era tener siempre la nevera vacía. Pasaba por lo que fuera que estuviera abierto -un saludo a todxs lxs que nos cruzamos con bandejas de sushi y bricks de leche en el VIPS de Fuencarral- cuando salía de la agencia, pedía comida a domicilio o hacía la compra online. En realidad estaba todo bien, era normal. Trabajaba muchas horas, pagaba mi pisito en el centro del barrio de moda, salía con mis amigos, conocía todo lo que se inauguraba en el barrio. Si mi yo de entonces hubiera conocido a mi yo de ahora habría pensado que qué curiosa esta chica medio hippie medio colgada. Mi yo de ahora no habría encajado en sus planes. Mi yo de entonces habría pensado que no tener horarios fijos y vivir a una hora de la ciudad no era para ella. Ella no quería salir de la ciudad, porque no sabía vivir de otro modo. O eso se empeñaba en repetir.

Yo me sentía bien, sentía que estaba siguiendo los pasos correctos. Pero. Porque siempre hay un “pero” que aparece dispuesto a darle un giro al guión. De pronto un día sentí que algo no funcionaba. Que no me sentía bien haciendo mi trabajo. Vértigo. ¡DIOS MÍO PERO SI YO NO SÉ HACER OTRA COSA. ¿HAY VIDA DESPUÉS DE PUBLI? Y mientras intentaba no hacer demasiado caso a esas preguntas gritonas que no paraban de dar vueltas por mi cabeza llegaron más. Las de algunas de las personas a las que le contaba que iba a dejarlo y que iba a probar suerte como autónoma. ¿Y a qué viene todo este rollazo? Viene a que ahí, sin darme cuenta, empezaron a cambiar muchas cosas. La primera fue el tiempo. Ahora era yo quien decidía cómo gestionar mis horas. Reprogramarse no es fácil. Pero, eh, podía ir al cine sin hacer colas, podía ir a hacer la compra, podía visitar museos sin gente, podía comer con mis amigos sin prisa, podía vivir sin mirar el reloj la mayor parte del tiempo.

Con ese tiempo del que ahora disponía pude decir que sí a planes que me llenaron -va a sonar cursi, lo siento- el alma. Descubrí que se pueden tener amigxs que no sean ni diseñadorxs ni publicistxas. Viajé más que nunca. Me di cuenta de lo poco importante que eran algunas de las cosas que antes estaban arriba de mi lista de prioridades/necesidades. Empecé a hacerme otro tipo de preguntas. A interesarme por cosas que estaban sucediendo fuera del ordenador. A ver que es importante saber qué estás comiendo y que sería bueno ser capaz de cocinar en lugar de descongelar. Ahora, cada vez que comía algo que me gustaba, intentaba replicar la receta en casa. Compraba -aunque todavía no me preguntaba de dónde provenían los alimentos- en los comercios que tenía cerca. Me preparaba el café en casa y me lo llevaba en un termo reutilizable. Era una cadena. Un pequeño paso me llevaba a otro. Escuchaba más y, sobretodo, escuchaba a gente diferente. Me sentía pequeña. Todo eran territorios desconocidos. Y lo desconocido me ha parecido siempre de lo más sexy.

-to be continued-

  1. Anna

    Justo hace unas semanas escribí un post en mi blog con el mismo título, exactamente, Sobre la coherencia y es que somos tan incoherentes en esta vida tan a menudo que me saca de mis casillas y tenía que si o si sacarlo ni que fuera escribiéndolo… entiendo perfectamente lo que dices…
    un beso,
    Anna

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    1. misshedwig

      Anna!
      Acabo de leerlo 🙂
      Necesitaba poner sobre “papel” esto, a modo de terapia. Seguiré con mi terapia escrita! jaja

      Besazo,

      C.

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  2. Estela

    Con una vida miy diferente a la tuya… y me siento totalmente identificada con tu post… hasta antes de quedarme embarazada la vida era PRISA Y MUCHAS HORAS DE TRABAJO y ahora mismo en estos 6 meses que llevo en casa he aprendido más de mi y del exterior y de la vida en conjunto que todo el tiempo trabajado. Apunto ya de reincorporarme al trabajo acabo de pedir justamente hoy mi reducción de jornada… porque mi hijo y mi tiempo con el no vale lo que cobro y es MUCHO MÁS IMPORTANTE. Aun sabiendo que es un derecho mío y que es un camino correcto para mi y para mi familia no sé que razón me hace sentirme mal. Pero ya veo que todos tenemos punto de inflexión en algún momento y tenemos que mirarnos pararnos escucharnos y decidir algo para mejorar. IR MAS DESPACIO.

    Un saludo!
    Una seguidora de instagram.

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    1. misshedwig

      Gracias por leerme, Estela!
      Tenemos que olvidarnos ya de conceptos como la “culpa” y escuchar más lo que nos dice le cuerpo.

      Sigue escuchándote!
      Abrazo fuerte 🙂

      Responder

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