Cosas que me han hecho feliz

Me hacen feliz muchísimas cosas. Este verano ha estado lleno de momentos felices. Y quiero escribirlos, recién llegada a Nepal, para que no se me olviden.

– madrugar un domingo para subir a la montaña con mi padre. compartir las últimas gotas de agua. verle feliz.

– la rutina de los paseos nocturnos -siempre en solitario- por la orilla del Támesis.

– los viñedos -en Reims, claro-. comer uvas directamente de la parra. el jugo corriendo por mi brazo.

– un botellón improvisado -vaso de plástico incluído- mientras atardece desde nuestra terraza en Dalt Vila.

– siesta a la sombra de una roca en S’Aigua Blanca.

– un concierto acústico improvisado en una terraza ibicenca.

– subir los 286 escalones de Arco de Triunfo para ver los últimos rayos de sol sobre París.

– una -al menos una- puesta de sol en los hervideros en Lanzarote.

– es Cavallet.

– querer llevarme a casa todas las flores de Liberty.

Can Domingo.

– encontrar, de casualidad, la mejores papas arrugadas en un restaurante minúsculo de Famara. que el dueño sea, además, pura luz.

– el arroz del Pez Vela en familia, que el aire nos despeine para celebrar los 31. seguir brindando.

– mi primer headstand sin pared.

– recibir este mensaje: “prometo hacerte reír mucho cuando nos veamos”

– (re)descubrir que los abrazos lo curan todo, hasta el exceso de frío en una copa de champagne: “you need to hold the glass like a baby just to warm it up”. y cuando digo champagne, digo Dom Ruinart Rosé 2002.

– coger en brazos a Maya por primera vez.

– despedirse de los festivales en el DCODE y vivirlo como ni nunca fuera a llegar la Primavera.

– el viento de Lanzarote, que se lo lleva todo. y la energía, que es pura.

– un abrazo a las 5:55 y 55 segundos.

– Cadaqués con mi hermana. cualquier lugar del mundo con mi hermana.

– Yayoi Kusama en el nuevo edificio del Tate.

– los miércoles en el agua.

– escribir postales mientras terminamos un zumo de naranja en el Melitón.

– llegar al aropuerto recién salida del mar, llena de arena y sin ropa interior.

– todos los combinados del Boia bar. incluso la sangría. sobretodo la sangría.

– los atardeceres con sabor a ginebra -y olor a aftersun- en el Aeroclub.

– el whisky sour que preparan en Hermosos&Malditos.

– los chipirones sin su tinta en Hermosos&Malditos.

Hermosos&Malditos.

– todos los caminos que llevan a LA cala. el sonido de las chicharras como única banda sonora. (pre)saborear el primer baño del día. fantasear con el último.

– el vino blanco, sin copas.

– los nudos en el pelo. la sal en la piel -siempre desnuda- que sabe mejor que nunca.

– llenar de arena los artículos de Marta Fernández y enamorase, una vez más, de sus palabras.

– aprenderse todas las canciones veraniegas que juraré no conocer en octubre.

– bailar.

– ver a Berta crecer feliz. ver a Alba más llena de luz que nunca.

– compartir el amor que París está dispuesto a dar. pasearlo de noche, sin ruido.

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