Límites

“Los límites de tu lenguaje son los límites de tu mundo”, dice Ludwig Wittgenstein. Bueno, en realidad lo dice el post-it que tiene un amigo pegado en su mesa y cada vez que lo leo me entran ganas de salir corriendo a comprar un diccionario.

No somos conscientes -al menos no tanto como deberíamos- de la importancia de las palabras que utilizamos.
Una de mis cruzadas particulares es intentar abolir el uso de culpa. Una palabra rellena de teología. Aprovecho para enviar, desde aquí, un saludo a mi maestra de religión, que tuvo a bien suspenderme su asignatura una y mil veces cuando otra (ciencias naturales) entró en mi plan de estudios y a mí ya no me cuadraba nada. “Señorita Peña, a la religión hay que acercarse desde la fe, no desde la razón”.

Pero no nos desviemos. Una de las campañas -qué pesados somos los publicistas- más interesantes de los últimos tiempos, que ilustra además muy bien lo que venía yo a contar, es esta:

No necesita explicación, pero como diría mi querido Toni: “lectura rápida, digestión lenta”. No somos conscientes, ya digo. Pero ahora ya no puedo sacármelo de la cabeza. Y mientras andaba a vueltas con eso, escuché por primera vez el término mansplaining. Y por fin sabía qué etiqueta -porque parece que no existe si no sabemos qué escribir en la etiqueta- ponerle a algunas escenas que me ha tocado presenciar recientemente. Pero no saquemos el confeti todavía. Viví también algunas escenas en las que era una mujer quien actuaba de forma machista. Y con eso, ¿qué hacemos?

Os pongo en situación:

Situación #01
Playa, exterior día.
Pareja heterosexual decide tomar el sol en una zona de rocas con difícil acceso al agua. El hombre, con una torpeza solo comparable a un cervatillo recién nacido, intenta hacerse paso entre las rocas. Duda. Tropieza. Cae. Mira a lado y lado para asegurarse de que su caída no ha sido vista.
Un rato más tarde, cuando la chica -visiblemente más resuelta que él- inicia su periplo hacia las refrescantes aguas del mediterráneo, el hombre decide darle indicaciones sobre cómo y por dónde descender.

PD: Si digo ahora que ella no las necesitaba en absoluto y que el tono del hombre era de salvador del universo, ¿sonaré como esa gente que cuenta -mientras todo el mundo ríe- porqué es gracioso el chiste que acaban de oír?

Situación #02
Cafetería, interior tarde.
Mujer heterosexual le explica a una amiga que sospecha que su marido le es infiel. Esa misma mujer, la casada, profesa una serie de improperios referidos a la supuesta amante. Con la que, asumo, no tiene ningún compromiso adquirido. A pesar de ello, parece ser que la otra es una “furcia rompematrimonios”.
Y me asaltaron un montón de preguntas. ¿Será acaso más fácil asumir que la responsabilidad -nótese que no usé culpa– es de alguien a quien no conocemos, exento de compromiso, que de nuestro cónyuge? ¿Qué derecho tiene alguien a pedir responsabilidades a esa “furcia rompematrimonios”?
No tengo la lista de respuestas pero yo creo que los matrimonios, en caso de romperse, lo hacen desde dentro. Que el mundo exterior está ahí, brillante y dulce. Exactamente igual de brillante y dulce que estaba el día en que esa pareja leía, con los ojos llenos de lágrimas, sus votos matrimoniales. Pero puede que ese día el mundo interior ganara en luz al exterior. Qué sé yo.

Y esto me lleva, a su vez, a recordar un episodio divertidísimo:

Situación #03
Bar, interior noche.
Una chica de ojos brillantes se acercó a mí para compartir -llamémoslo así- opiniones sobre mi relación con su ex pareja. Llegados a cierto punto de la conversación, la chica de ojos brillantes decidió usar el término amante para justificar sus celos hacia mi persona. Hagamos una parada técnica en este punto. La RAE dice esto:

amante1.
Del ant. part. act. de amar; lat. amans, -antis.

  1. adj. Que ama. U. t. c. s.
  2. adj. Dicho de una cosa: Que manifiesta amor o se refiere a él.
  3. adj. Amado o querido. Amantísimo lector.
  4. m. y f. Cada una de las dos personas que se aman.
  5. m. y f. Persona que mantiene con otra una relación amorosa fuera del matrimonio.

amante2.
Del gr. ἱμάς, -άντος himás, -ántos ‘correa’.

  1. m. Mar. Cabo grueso que, asegurado por un extremo en la cabeza de un palo o verga y provisto en el otro de un aparejo, sirve para resistir grandes esfuerzos.

Y me puse a hacer una lista mental, para ver si tenía que enfadarme o no.

amante1.

  1. Amo, amo muchísimo.
  2. Creo que sí, que manifiesto amor. No en plan oso amoroso, pero sí.
  3. Me siento re querida.
  4. Creo que es recíproco, sí.
  5. Demonios. Esta no la cumplimos. Pero no iba a ser todo tan fácil.

amante2.

  1.  Y rotundamente sí, con su ayuda es más fácil resistir grandes esfuerzos.

Con 5 de 6 podríamos afirmar -y eso lo aprendí en la SúperPop- que efectivamente, somos amantes. Así que no podía enfadarme. Pero a pesar de eso estaba molesta. Reflexionando, me di cuenta de que lo único que me molestaba era que de todas las acepciones que tiene el término se quedara en la quinta de la primera parte. Y que abriera mucho, mucho los ojos cuando afirmé que sí, que obvio éramos amantes. Y que qué le iba a hacer yo si amante tiene mejor sonoridad en español, pero peor connotación que en inglés.

Y, en fin, llegados a este punto no me queda más remedio que añadir el término a mi cruzada. Y que ojalá un mundo con más amantes y menos culpa.

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