Verano siempre

Bebo vino mientras comienzo a leer un libro que, me prometió alguien, “te reconcilia con el mundo”. Estoy en un jardín de barcelona. rodeada de primeras citas, amores de verano y gente que está instalada en su vacación. Aprovecho la mezcla de idiomas para pensar, una vez más, que en realidad estoy en París. Que vivo aquí y que con el tiempo se me ha contagiado un poco, casi nada -suficiente- de todo ese effortless de las chicas francesas. En ocasiones fumo. Pero creo que en mi barrio imaginario los cigarrillos son probióticos. Vivo en un apartamento minúsculo; una buhardilla, porque no me mudé aquí para alejarme de los clichés, y me enamoro constantemente y a bocajarro. Y vivo historias fugaces que incluyen paseos nocturnos, manchas de rímel y sábanas arrugadas. Mis amigxs cuentan siempre las mejores historias. Me flipa la gente que sabe contar historias. Yo lxs miro sin parpadear. Parece que hablo francés, porque no veo subtítulos por ninguna parte. Conozco ya los horarios con menos turistas para visitar mis museos favoritos y siempre voy a la filmoteca cuando es de noche. De vuelta a casa paseo sonriente con los labios rojos. Todo huele a jazmín y a higuera. Creo que no estoy en París.

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