Volver

Siempre que vuelvo de Nepal la familia y los amigos me preguntan que qué tal la experiencia. Quieren que les cuente y yo mastico un “bien, se me hizo muy corto” y siento que, sin mentirles, no aparece la realidad por ningún lado.
Este año fui con los deberes hechos. Y fue diferente, claro. El año pasado tardé un par de semanas en intuir de qué iba aquello. El ritmo, los “sí, sí” que son puros “no”, el machismo, la sumisión forzada de las mujeres, la no gestión de residuos, las condiciones en las que están los animales, la polución, el trato a los niños. Vaya por delante que existe un Nepal lleno de castas altas y de bienestar, de oxígeno y de vistas maravillosas. Pero nosotros nos instalamos en el lado contrario, donde la ayuda tarda más en llegar. Si acaso llega alguna vez.

Al fundar la ONG nos sumergimos -seguimos haciéndolo- en la cultura, las costumbres y la(s) religión(es) del país. Y a pesar de eso, resulta duro muchas veces tener que sonreír y aceptar algunas situaciones que en nuestra sociedad se solventarían de otro modo. Pero uno no puede creer que su sociedad es superior. Ni pensar que comprar un billete a un país lejano te da bonus de karma, o una capa y una máscara. Destiné mucho tiempo a algo que en mi mundo se entiende como “perder el tiempo”: decir que sí siempre que me ofrecen un té y sentarme a escuchar todo lo que alguien quiere contarme. Esa ha sido una de las fuentes más puras para entender un poco más su realidad. No juzgar. Complicadísimo. Pero ¿cómo puede alguien acercarse a algo desde sus miedos y sus presunciones? Así que sí, el viaje está lleno de baches en las carreteras y de nudos en el estómago.

La lista de sensaciones que vivo allí están sin refinar. Si lo que siento es amor es del todo animal, sin medida. Lo mismo pasa cuando las emociones no son positivas: miedo, asco, dolor, pena. Imagínense.
Y pienso, mucho, en la suerte. Haber nacido en un lugar y no en otro. Tener la capacidad de elegir. Me acuerdo muchísimo de mis abuelos. Del hambre que pasaron, de todo aquello a lo que tuvieron que enfrentarse, de la imposibilidad de ir a la escuela y tener que aprenderlo todo por su cuenta. Cómo no te va a cambiar la vida vivir, por un rato, todo lo que está pasando al otro lado del mundo. Lo que pasó aquí hace no mucho. Cómo no me va a costar volver. Pero nada de eso es malo. Me siento agradecida por poder experimentar todo este maremoto. Por compartir su realidad. Por aprender tantísimo de ellos. Por volver, otra vez, con muchas ganas de desaprender.

  1. Clara

    Vuelve, te estaremos esperando…
    <3

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    1. misshedwig

      quin regal haver-te conegut, bonica <3

      Responder

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